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Categoría: Historia

30 Mayo 2007

"POR UNA SAGRADA MEMORIA ¡HAY QUE OIR A LOS ACUSADOS!"

Los negocios, las francachelas, los atropellos de la Dictadura. El pueblo no oye hablar de otra cosa desde hace año y medio. Y es hora ya que el pueblo, superior a la Comisión de Responsabilidades y a las propias Cortes Constituyentes, conozca la verdad y juzgue a los acusados y a los acusadores.
El presidente de aquel Gobierno, al que encarnizadamente se ataca, era mi padre. La muerte fue piadosa con él. Pero no pido que se le absuelva por misericordia ante la muerte. Pido, ¡exijo!, que se le juzgue. Y no sólo por el golpe de Estado y porque legisló sin Cortes. Para descubrir que hizo tales cosas no era menester la Comisión de Responsabilidades. Lo que el pueblo tiene que saber inexcusablemente es si ha estado durante seis años en manos de una cuadrilla de insensatos bandoleros o si ha sido gobernado por un hombre honrado, justo, patriota, valeroso, inteligente, al que otros dignos de él secundaron.
Sería una burla echar un velo sobre todas esas acusaciones y sentenciar únicamente acerca de las responsabilidades políticas. Lo deshonroso no es sublevarse contra el Gobierno –como lo hizo el general Primo de Rivera en 1923– para salvar a la Patria, que se disolvía. Lo deshonroso hubiera sido aprovecharse del Poder para ventaja propia o gobernar desatinadamente, que también es delito obstinarse en seguir gobernando cuando los desaciertos continuos son demostración de incapacidad.
Hay que juzgarlo y sentenciarlo todo. Pero he aquí lo extraordinario: la memoria del general Primo de Rivera en las Cortes tendrá cuatrocientos acusadores y "ningún defensor". Los demás acusados podrán, al menos, designar quien los defienda; mi padre, no; porque muerto ya, no es siquiera parte en el proceso de las responsabilidades.
Y eso es una tremenda injusticia. No puede quedar flotando sobre la memoria de un hombre el cúmulo de feroces acusaciones que se ha lanzado contra el general Primo de Rivera. Hay que conminar a los acusadores para que precisen con pruebas, valerosamente, sus cargos. No es lícito acusar vagamente, en las tertulias y en la Prensa, y rehuir luego el deber de justificar las acusaciones. Y es preciso escuchar después a la defensa.
Sólo para eso (sin que por ello descuide todos los deberes, que sabré cumplir, para con Madrid y para con mis electores), quiero ir a las Cortes Constituyentes: para defender la memoria sagrada de mi padre. Sé que no tengo merecimientos para aspirar por mi mismo a la representación en las Cortes de Madrid. Pero no me presento a la elección por vanidad ni por gusto de la política, que cada instante me atrae menos. Porque no me atraía, pasé los seis años de la Dictadura sin asomarme a un Ministerio ni actuar en público de ninguna manera. Bien sabe Dios que mi vocación está entre mis libros, y que el apartarme de ellos para lanzarme momentáneamente al vértigo punzante de la política me cuesta verdadero dolor. Pero sería cobarde o insensible si durmiera tranquilo mientras en las Cortes, ante el pueblo, se siguen lanzando acusaciones contra la memoria sagrada de mi padre.
Quiero ir a defenderle con mis argumentos y con muchas pruebas que nadie tiene más que yo. Necesito defenderle. Aunque caiga extenuado en el cumplimiento de ese deber, no cejaré mientras no llegue al pueblo la prueba de que el general Primo de Rivera merece su gratitud. El general Primo de Rivera, pacificador de Marruecos –¿lo han olvidado ya las madres?–, servidor de su país con ocho campañas y en seis años de Gobierno; trabajador infatigable por la Patria, que le vio subir al Poder con todo el empuje de su madurez vigorosa y salir del Poder, a los seis años, rendido, viejo, herido de muerte por la enfermedad que tardó tan poco en abatirle; hombre bueno y sensible, que se fue de la vida sin el remordimiento de una crueldad, y al que mató, más que el cansancio de seis años de faena, la tristeza de seis semanas de injusticias.
Ese es todo mi programa. ¿Me negará sus votos el pueblo de Madrid? Un diputado republicano o socialista más no hace falta en las Cortes, porque ni la República ni el partido socialista están faltos de quien los defienda. Pero la memoria de mi padre, sí. Y este pueblo madrileño –al que tan bien entendía, con el que tan sencilla y tan cordialmente se comunicaba mi padre– no puede dejar que se le condene sin escuchar antes su defensa. ¡Un puesto en las Cortes para defender la memoria de mi padre!
(Oficina electoral: Madrid)
Publicado por José Antonio Primo de Rivera en el diario ABC, edición de Andalucía, 29 de septiembre de 1931.

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21 Marzo 2007

CIEN MILLONES DE MUERTOS Las revelaciones de El Libro Negro del Comunismo

(Robert Laffont, París, noviembre de 1997; traducido al español por Planeta/Espasa, 1998)

La reciente aparición en Francia de El Libro Negro del Comunismo ha puesto sobre el tapete uno de los más grandes tabúes de la vida pública europea: las responsabilidades criminales del comunismo. Los autores de este libro demuestran, con los datos en la mano, que el número de muertos causados directamente por el comunismo en todo el mundo supera los cien millones de víctimas. A partir de ahí, las preguntas son inevitables: si el comunismo ha demostrado ser la doctrina política más criminal de la historia, ¿por qué nadie reclama un juicio para el comunismo? ¿Por qué el comunismo sigue gozando de cierta presentabilidad social? Al fondo es fácil descubrir prejuicios y tabúes. La realidad, sin embargo, es incontrovertible.

Le Livre Noir du Comunismo es un estudio de tamaño considerable -846 páginas- en las que han colaborado varios autores y que está destinado a convertirse en obra de consulta obligatoria para todos aquellos que quieran profundizar en el fenómeno más trascendental del siglo XX: el comunismo. La traducción española ha corrido a cargo de un equipo dirigido por Cesar Vidal. Desde la aparición del clásico sobre el tema, la obra de Robert Conquest El gran Terror, nunca se había publicado un libro tan rico en datos como El Libro Negro del Comunismo.

LAS CIFRAS DEL TERROR

El Libro Negro es una compilación de colaboraciones de diversos especialistas. El director de la revista Comunismo, Stephane Coutois, estudioso del sistema marxista-leninista, es el autor del primer trabajo, breve pero enjundioso estudio a guisa de presentación de la obra. Se titula "Los Crímenes del Comunismo" y, entre otras cosas, ofrece esta relación del número de víctimas causadas por los sistemas y partidos comunistas en todo el mundo:

PAIS O REGION

MILLONES DE MUERTOS

Unión Soviética

20

China

65

Corea del Norte

2

Camboya

2

Africa

1.7

Afganistán

1.5

Vietnam

1

Europa del Este

1

Iberoamérica

0.150

Movimiento comunista internacional y partidos comunistas en la oposición

10

Aunque en el libro se ofrecen diversas "contabilidades", el total de víctimas del comunismo supera el número de 100 millones de muertos. En proporción con el número de habitantes, la mayor cifra corresponde a Camboya, donde Pol Pot exterminó a un tercio de la población.

A estas cifras, Coutoirs suma lo que califica acertadamente como "crímenes contra la cultura". Stalin hizo demoler centenares de iglesias. Ceaucescu destruyó el corazón histórico de Bucarest para levantar nuevos edificios y trazar perspectivas megalomaníacas. Pol Pot hizo desmontar piedra a piedra la catedral de Phnom Penh y abandonó a la jungla los templos de Angkor. Durante la revolución cultural maoísta, fueron destrozados o quemados por los guardias rojos.

¿Cómo ha sido posible que los mayores genocidios de la historia no hayan merecido no ya un nuevo Nuremberg, sino, simplemente, la condena del mundo entero? Para Courtois, la impunidad de los crímenes del comunismo "no sólo fue posible por la fuerza de la Internacional Comunista y de los partidos comunistas locales", sino también por el silencio cómplice de muchos: "entre los años cincuenta y setenta, cientos de miles de hombres han incensado al gran timonel de la revolución China, por ejemplo, como antes ocurrió con Lenin y después con Stalin.
El autor señala que los métodos puestos en marcha por Lenin respecto al terror -no olvidemos que Djerzinsky crea la CHEKA a los dos meses escasos del golpe de octubre, y que el gulag es creación leninista, luego perfeccionados por Stalin y sus émulos-, no sólo recuerdan en mayor escala los métodos nazis, sino que son muy anteriores. Pero después de 1945, la designación del nazismo vencido como "mal absoluto" hizo que "la victoriosa Unión Soviética" y el comunismo basculasen casi mecánicamente en el campo del bien" Por otra parte, insiste Courtois, "sus símbolos (bandera roja, La Internacional, puño levantado) resurgen detrás de cada movimiento social de envergadura. El Ché Guevara vuelve a estar de moda". La razón última la constituye la persecución de los judíos por los Nazis. Focalizando la atención sobre una atrocidad, se logra impedir la visión de otras realidades incluso más gigantescas en el mundo comunista. "¿Como imaginar -pregunta Coutois- que aquellos que mediante su victoria han contribuido a destruir un sistema genocida (1), hayan podido practicar también esos métodos?.

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Saludos a todos. Soy Jesús, mi pseudónimo viene por mi "parecido" con Russell Crowe (los que me conozcan que juzguen). Estudio Periodismo en la Universidad Católica de Murcia. Me considero una persona abierta, quizá no en aspectos políticos (que no me va a venir muy bien en mi futuro periodístico), pero sí en mi relación con los demás, mis amigos pueden probarlo. Como comprobaréis, en este blog voy a tratar en su mayoría temas de fútbol, pero también de política y de historia. En definitiva, espero que aparquéis vuestras ocupaciones durante unos minutos y le echéis un ojo a este blog que creo merece la pena.

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