(Robert Laffont, París, noviembre de 1997; traducido al español por Planeta/Espasa, 1998)

La reciente aparición en Francia de El Libro Negro del Comunismo ha puesto sobre el tapete uno de los más grandes tabúes de la vida pública europea: las responsabilidades criminales del comunismo. Los autores de este libro demuestran, con los datos en la mano, que el número de muertos causados directamente por el comunismo en todo el mundo supera los cien millones de víctimas. A partir de ahí, las preguntas son inevitables: si el comunismo ha demostrado ser la doctrina política más criminal de la historia, ¿por qué nadie reclama un juicio para el comunismo? ¿Por qué el comunismo sigue gozando de cierta presentabilidad social? Al fondo es fácil descubrir prejuicios y tabúes. La realidad, sin embargo, es incontrovertible.

Le Livre Noir du Comunismo es un estudio de tamaño considerable -846 páginas- en las que han colaborado varios autores y que está destinado a convertirse en obra de consulta obligatoria para todos aquellos que quieran profundizar en el fenómeno más trascendental del siglo XX: el comunismo. La traducción española ha corrido a cargo de un equipo dirigido por Cesar Vidal. Desde la aparición del clásico sobre el tema, la obra de Robert Conquest El gran Terror, nunca se había publicado un libro tan rico en datos como El Libro Negro del Comunismo.

LAS CIFRAS DEL TERROR

El Libro Negro es una compilación de colaboraciones de diversos especialistas. El director de la revista Comunismo, Stephane Coutois, estudioso del sistema marxista-leninista, es el autor del primer trabajo, breve pero enjundioso estudio a guisa de presentación de la obra. Se titula "Los Crímenes del Comunismo" y, entre otras cosas, ofrece esta relación del número de víctimas causadas por los sistemas y partidos comunistas en todo el mundo:

PAIS O REGION

MILLONES DE MUERTOS

Unión Soviética

20

China

65

Corea del Norte

2

Camboya

2

Africa

1.7

Afganistán

1.5

Vietnam

1

Europa del Este

1

Iberoamérica

0.150

Movimiento comunista internacional y partidos comunistas en la oposición

10

Aunque en el libro se ofrecen diversas "contabilidades", el total de víctimas del comunismo supera el número de 100 millones de muertos. En proporción con el número de habitantes, la mayor cifra corresponde a Camboya, donde Pol Pot exterminó a un tercio de la población.

A estas cifras, Coutoirs suma lo que califica acertadamente como "crímenes contra la cultura". Stalin hizo demoler centenares de iglesias. Ceaucescu destruyó el corazón histórico de Bucarest para levantar nuevos edificios y trazar perspectivas megalomaníacas. Pol Pot hizo desmontar piedra a piedra la catedral de Phnom Penh y abandonó a la jungla los templos de Angkor. Durante la revolución cultural maoísta, fueron destrozados o quemados por los guardias rojos.

¿Cómo ha sido posible que los mayores genocidios de la historia no hayan merecido no ya un nuevo Nuremberg, sino, simplemente, la condena del mundo entero? Para Courtois, la impunidad de los crímenes del comunismo "no sólo fue posible por la fuerza de la Internacional Comunista y de los partidos comunistas locales", sino también por el silencio cómplice de muchos: "entre los años cincuenta y setenta, cientos de miles de hombres han incensado al gran timonel de la revolución China, por ejemplo, como antes ocurrió con Lenin y después con Stalin.
El autor señala que los métodos puestos en marcha por Lenin respecto al terror -no olvidemos que Djerzinsky crea la CHEKA a los dos meses escasos del golpe de octubre, y que el gulag es creación leninista, luego perfeccionados por Stalin y sus émulos-, no sólo recuerdan en mayor escala los métodos nazis, sino que son muy anteriores. Pero después de 1945, la designación del nazismo vencido como "mal absoluto" hizo que "la victoriosa Unión Soviética" y el comunismo basculasen casi mecánicamente en el campo del bien" Por otra parte, insiste Courtois, "sus símbolos (bandera roja, La Internacional, puño levantado) resurgen detrás de cada movimiento social de envergadura. El Ché Guevara vuelve a estar de moda". La razón última la constituye la persecución de los judíos por los Nazis. Focalizando la atención sobre una atrocidad, se logra impedir la visión de otras realidades incluso más gigantescas en el mundo comunista. "¿Como imaginar -pregunta Coutois- que aquellos que mediante su victoria han contribuido a destruir un sistema genocida (1), hayan podido practicar también esos métodos?.